
Autor: Owen Botto
9 de agosto de 2026
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Solemos hablar de la liquidez como una posición estratégica dentro de una cartera (ese colchón para imprevistos), pero hoy quiero enfocarlo desde otro ángulo: la liquidez como una variable fundamental al momento de elegir en qué invertir. La liquidez nos indica qué tan fácil es convertir una inversión en dinero líquido. Entonces podríamos determinar una escala de inversiones, de más a menos líquidas: 1. Letras, FCIs Money Market |
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Sesgo de liquidez y opcionalidad El mercado de capitales nos da un superpoder: la opcionalidad. La gente suele sentir que una propiedad es más segura porque no ve su precio titilar en rojo y verde todos los días en una pantalla. Pero que no veas el precio no significa que no esté bajando. Las acciones te muestran la realidad minuto a minuto, y esa misma liquidez es la que te permite apretar un botón y tener la plata en tu cuenta si hay una emergencia. Con un departamento, esa opción simplemente no existe. Sin embargo, esta liquidez es un arma de doble filo: dado que una acción es mucho más líquida, solemos apurarnos a tomar ganancias, mientras que en las inversiones inmobiliarias, los períodos de tenencia son mucho más largos, lo que suele dar la ilusión de que estas inversiones rinden más. Spread/costos de transacción Toda inversión tiene un peaje de entrada y de salida. En el mercado financiero, comprar o vender un CEDEAR tiene un costo bajísimo (el spread y una mínima comisión) y se hace en un click. En la economía real, salir de una inversión es un dolor de cabeza: vender una casa implica pagar comisiones inmobiliarias, escribanos, impuestos a los sellos, y rogar que aparezca un comprador dispuesto a convalidar tu precio. Ese ‘peaje’ en propiedades o negocios físicos puede comerse fácilmente el 5% o más de tu capital, solo por el privilegio de querer tu plata de vuelta. El riesgo de ser prisionero de tu inversión El mayor riesgo de la iliquidez es que te vuelve prisionero de tu propia inversión. Si el negocio empieza a ir mal, no hay un botón de vender. Además, las inversiones físicas son indivisibles: si tenés un capital invertido en un inmueble y necesitás el 10% para una urgencia, no podés vender solo la cocina. Tenés que rematar toda la propiedad. En cambio, una cartera de bonos o acciones te permite liquidar exactamente la cantidad que necesitás, cuando la necesitás. En resumen, la iliquidez de la economía real no es una garantía de seguridad, sino una atadura. Soportar la volatilidad del mercado financiero es el precio que pagamos por tener el activo más valioso de todos: la libertad de disponer de nuestro capital exactamente cuándo y cómo lo necesitamos. |






