
Autor: Román Medel
26 de julio de 2026
Para que el mercado se desenvuelva, la macroeconomía y la política tienen que estar en orden. A modo de hacer una comparación, la macroeconomía es como la salud general del país, si hay mucha inflación o el dólar salta todo el tiempo, nadie se animará a invertir porque no sabe cuánto va a valer su dinero mañana.
Por otro lado, la política es la que pone las reglas del juego, si los políticos se pelean, cambian las leyes constantemente, imponen impuestos o restricciones cambiarias, los inversores se asustarán y se llevarán la plata a otro lado porque sienten que no hay seguridad.
En Argentina esto se ve muy claro, ocurren constantes cambios regulatorios que afectan al desarrollo de las actividades productivas de las empresas y que se trasladan a la toma de decisiones. A los inversores no les interesa tener que pasar por este ida y vuelta y tener que acostumbrarse al pasar de un régimen de importaciones libres a cerrado, cepo o no cepo etc.
Lo mismo sucede con la prudencia y el compromiso a la hora del cuidado de las variables financieras a nivel macroeconómico como las reservas, el equilibrio fiscal, el compromiso que tenga un gobierno con el pago de la deuda o, algo incluso más increíble, la manipulación o no de indicadores económicos. Los países con variables más saludables terminan siendo mercados más tentadores gracias a que, si una empresa puede proyectar y hacer sus inversiones, va a terminar teniendo beneficios de esto.
Pero aún así, incluso en los países más estables, en los años de elecciones el mercado se vuelve más volátil. Si esto lo trasladamos a Argentina, los años de elecciones son una montaña rusa.
Por todo esto es que es importante entender, además del mercado en sí, el país donde uno está invirtiendo.
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